“¡Mentira! ¡Mentira! ¡No tiene perdón!”

Juan Gelman

Es un verso del tango “Mentira” que Celedonio Flores y Francisco Pracánico compusieron en 1932. Carlos Gardel lo cantaba sin falsa emoción y sin el teatro que propinan hoy algunos tangueros. Se trata, claro, de un hombre que apostrofa a la mujer que lo engañaba y no por eso se privaba de llorar de amor en sus brazos. La frase es desde entonces, y aun antes, aplicable a numerosos políticos y gobiernos del mundo. Por ejemplo, al gobierno israelí y a su primer ministro, Ehud Olmert.

Juan Gelman

Juan Gelman (Buenos Aires, 3 de mayo de 1930), poeta y periodista argentino. Es probablemente el más importante poeta vivo de Argentina y ganador del Premio Cervantes en su edición de 2007.

http://www.iade.org.ar/modules/noticias/article.php?storyid=2752

Gaza: paisaje después de la batalla

Ignacio Álvarez-Ossorio Alvariño

La ofensiva contra Gaza buscaba, en palabras del presidente israelí Simón Peres, “dar una lección” a Hamás que, a pesar del boicot internacional y del bloqueo económico israelí, ha logrado conservar el gobierno en la franja. Tras 10 días de encarnizados bombardeos, el Consejo de Seguridad aprobó la resolución 1860 que llamaba a un alto el fuego inmediato. Israel declaró un alto el fuego unilateral el 17 de enero de 2009, tras firmar un memorando con EEUU que intensificaba la cooperación en la lucha contra el contrabando de armas hacia Gaza. Poco después, Hamás proclamó su “victoria” y también anunció la interrupción de las hostilidades. La posibilidad de que, a pesar de su elevado número de víctimas, el enfrentamiento termine sin vencedores ni perdedores es altamente probable. Pese a haber sufrido un elevado número de bajas, Hamás podría conservar el control de Gaza y, además, forzar la apertura de los pasos fronterizos para poner fin a la crisis humanitaria. Por su parte, Israel podría frenar el contrabando de armas a Hamás y conseguir una presencia internacional en la frontera con Egipto, pero deberá pagar un elevado precio por ello ya que la desproporcionalidad de su ofensiva ha socavado su imagen a nivel internacional. La viabilidad de este frágil alto el fuego dependerá del grado de implicación de la comunidad internacional no sólo en la resolución de esta crisis, sino también en la reactivación de las negociaciones de paz.

http://www.iade.org.ar/modules/noticias/article.php?storyid=2745

¡¡Es la ocupación, estúpido!!

Iberglobal hace una encuesta sobre ¿Cuáles son los think tanks más importantes e influyentes que hay en España? Mirando las opciones me encontre con http://www.igadi.org/  donde se publica una nota interesante del periodista Carlos Sanchez Pardo sobre la situación palestina y la política del gobierno israelí.

 

¡¡Es la ocupación, estúpido!!
Carlos Sánchez Pardo (igadi.org, 11/01/2009)

Cada cierto tiempo podemos leer en el diario “El País” artículos de Slomo Ben Ami, quien firma como vicepresidente del “Centro Internacional Simón Peres para la Paz”, radicado en Toledo. Es la presentación ideal para un impostor del calibre de este personaje, como lo es Simón Peres o cualquier otro líder israelí, que siempre se presentan como amantes de la paz y que sólo tratan de defender a su país, tratando de sobrevivir en una región en la que están rodeados de enemigos que llevan años pretendiendo eliminarlos y echarlos al mar de nuevo, pero que cuando se trata de un líder del partido laborista israelí, la mentira todavía es más flagrante.

Históricamente el Partido Laborista israelí siempre se ha presentado a sí mismo como partido de izquierdas (de hecho, forma parte de esa entelequia llamada “Internacional Socialista”) moderado y adalid de la paz, es decir, las palomas, en contraposición al Likud y sus sucedáneos y aliados, que representan la derecha pura y dura y por tanto son los halcones. Y ciertamente, siempre han tenido un notable éxito en vender esta imagen y convencer a casi todo el mundo.

Nada más lejos de la realidad y la verdad histórica. El Partido Laborista israelí ha sido el principal impulsor de los asentamientos de colonos en los territorios ocupados palestinos, han iniciado la mayor parte de las guerras mantenidas con los países limítrofes, fueron los creadores de la idea del muro que están construyendo actualmente dentro de los territorios ocupados, y siempre han rivalizado con los demás partidos israelíes en brutalidad y alardes de terrorismo de estado desde el mismo día de la creación del Estado de Israel, el 15 de mayo de 1948.

Para ilustrar las diferencias entre los laboristas y los demás dirigentes israelíes, nada mejor que una metáfora que le escuché una vez a un ciudadano palestino en Ramallah: “La diferencia entre Ariel Sharon (general israelí tristemente conocido por su ferocidad y cinismo) y Simón Peres, es que Sharon te mata de una sola patada con sus botas de soldado, y sin embargo, Simón Peres tarda más en matarte con sus elegantes zapatos Gucci, es decir, Sharon te mata más rápido y por tanto sufres menos”.

Así pues, a Slomo Ben Ami le gusta firmar como vicepresidente de ese Centro de Toledo para seguir cultivando tan exitosamente su imagen de palomita de la paz, pero por supuesto omite decir que él fue embajador de Israel en España en los primeros años de la primera Intifada, cuando su colega de partido Isaac Rabín era el responsable de la represión salvaje de esa sublevación popular contra la ocupación que llevaban 20 años sufriendo y había dado la orden de romper los brazos y las manos de todos los palestinos que fueran detenidos tirando piedras a los soldados israelíes (orden que esos soldados cumplieron tan eficazmente como de costumbre), además de las prácticas represivas habituales. Omite decir que ha formado parte de gobiernos que han seguido extendiendo los asentamientos de colonos y han incumplido sistemáticamente los compromisos adquiridos en los acuerdos de Oslo, boicoteando por acción y por omisión esa débil esperanza que un día se suscitó en Oriente Medio de enfrentar el conflicto con valentía y resolver de una vez por todas esa situación.

Slomo Ben Ami repite en todos sus artículos la misma cantinela: la culpa siempre es de los otros, es decir, de los palestinos (nunca encuentran interlocutores para las paz), de los países vecinos, siempre en manos de dirigentes ineptos y corruptos (lo cual muchas veces es cierto), y por el contrario, Israel es el único país democrático y civilizado de toda la región, víctima propiciatoria de esos vecinos tan desalmados y empeñados en hacerles la vida imposible.

Pues bien, es cierto que todos los países vecinos están gobernados por dictadores y reyezuelos de diverso pelaje, que dentro de la clase dirigente palestina hay corrupción (¿le puede extrañar a alguien, dadas las circunstancias?), pero veamos cómo actúa el tan cacareado Estado democrático israelí.

1. Del muro del apartheid: En el año 2002, Israel empezó a construir un muro de separación (ellos le llaman “valla de seguridad”) de 8 metros de alto entre Israel y Cisjordania. Nada que objetar si lo hubiera hecho dentro de su territorio y respetando la “línea verde”, es decir, la frontera internacionalmente reconocida, pero el hecho es que el recorrido de ese muro lo ha definido unilateralmente Israel (con casi total acuerdo de las fuerzas políticas israelíes), y por lo tanto se permite el lujo de adentrarse en territorio palestino todo lo que le viene en gana, a veces hasta 20 km, anexionándose de hecho aproximadamente un 10-15% del territorio cisjordano, siempre incluyendo los asentamientos de colonos más grandes (Ariel tiene 25.000 habitantes, por ejemplo) y los principales recursos acuíferos subterráneos, obviamente robándoselos a los palestinos, sus dueños legítimos. Este muro separa pueblos y aldeas enteras del resto de Cisjordania, separa familias y vecinos entre sí y a su vez de sus escuelas, centros de salud, mezquitas, redes comerciales, campos de cultivo, etc, etc, y por supuesto, está construido en terrenos expropiados “manu militari” a los afectados, que no tienen capacidad alguna de oponerse.

La construcción de este muro fue declarada ilegal por el Tribunal Internacional de La Haya en su resolución del 9 de julio de 2004, instando a Israel a desmontarlo e indemnizar a los afectados por los daños y perjuicios causados, pero como es habitual, Israel no reconoce a ese tribunal y por tanto hace caso omiso de sus resoluciones. Así pues, cabría preguntarse, por ejemplo: ¿qué pasaría si Francia decidiera unilateralmente violar la frontera internacionalmente reconocida y empezara a construir un muro entre los dos países descolgándose hasta Pamplona, Huesca o Girona? ¿Nos quedaríamos de brazos cruzados? ¿Qué pasó aquí cuando el ejército de Napoleón invadió España en 1808? ¿Qué pasó cuando los soviéticos construyeron el muro de Berlín después de la Segunda Guerra Mundial? Sin embargo, Israel hace lo mismo y no pasa nada, como siempre, sus sacrosantas “razones de seguridad” están por encima de todo y actúan con total impunidad y desfachatez, fruto en gran parte de esa mala conciencia de los europeos que los israelíes saben explotar tan bien y con tanta demagogia, rechazando cualquier crítica a su política como resultado de actitudes antisemitas. Por cierto, los palestinos también son semitas, curiosamente.

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 La franja de Gaza… una de las zonas más pobladas del planeta: 1.400.000 palestinos sobreviviendo en 300 km cuadrados, y cercados por tierra, mar y aire por el ejército israelí: la prisión más grande del mundo. [Foto: Una niña palestina mira por la ventana de un centro de acogida de la ONU, en una escuela de Rafah, el 30 de diciembre de 2008]. 

2. De la colonización de los territorios ocupados: Desde la conquista por la fuerza de las armas en la “guerra de los 6 días” en junio de 1967, los sucesivos gobiernos israelíes (fueran del color que fueran) se han empleado a fondo en la colonización de la Franja de Gaza, Cisjordania y los altos del Golán, contraviniendo flagrantemente la 4ª Convención de Ginebra que prohíbe de forma terminante la transferencia de población de la potencia ocupante a los territorios conquistados, así como la expulsión de la población autóctona fuera de sus casas. Y por supuesto, ignorando totalmente la Resolución 242 de Naciones Unidas, que obliga a Israel a retirarse de todos los territorios ocupados en la “guerra de los 6 días”.

 

 

 

Pues bien. En la Franja de Gaza desmontaron los asentamientos de colonos en un gran circo mediático orquestado en el verano de 2006, por una sencilla razón práctica: les salía muy caro mantener a aquellos 8.000 colonos protegidos por 20.000 soldados israelíes, pero lo vendieron como un gran sacrificio desgarrador que hacían por el bien de la paz. Y mucha gente se lo creyó, por cierto. Y esos 8.000 colonos estuvieron casi 40 años viviendo en una de las zonas más pobladas del planeta: 1.400.000 palestinos sobreviviendo en 300 km cuadrados, y cercados por tierra, mar y aire por el ejército israelí: la prisión más grande del mundo. Y cuando Hamas resultó elegida democráticamente como fuerza política más votada en unas elecciones libres y con presencia de observadores internacionales (entre ellos Jimmy Carter), Israel decretó un férreo bloqueo condenando a toda la población a un castigo colectivo para forzar la renuncia del gobierno de Hamas, quien responde con la tolerancia del disparo de cohetes artesanales que rara vez dan en el blanco, pero no esconden su intención: si los israelíes les condenan al hambre, al menos los habitantes de los pueblos cercanos a la frontera con Gaza (especialmente Sderot) no podrán dormir tranquilos e impunes, aún asumiendo el alto coste de las represalias israelíes, que siempre se cobran ciento por uno o mil por uno, les da igual. Recordemos la última guerra con Líbano: más de 10.000 muertos y medio país arrasado porque la guerrilla de Hezbolá mató a 3 soldados israelíes y capturó a otros dos soldados en una acción de guerra en territorio libanés, y ahora mismo, finales de diciembre de 2008, vemos de nuevo las matanzas cotidianas del ejército israelí en medio de zonas densamente pobladas como respuesta a esos cohetes prácticamente inofensivos lanzados desde Gaza para forzar al gobierno israelí a que rompa el bloqueo y les deje vivir en paz.

En los altos del Golán ahí siguen, pues ese territorio conquistado a Siria se lo han anexionado unilateralmente, para no perder la costumbre. Como siempre, la política de los hechos consumados y punto.

Y en Cisjordania, ahí están los 250.000 colonos viviendo en tierras robadas a los palestinos, así como los correspondientes recursos hidráulicos. Cada colono israelí consume 10 veces más agua (en sus casas, sus jardines, sus piscinas, sus campos de cultivo…) que cualquier ciudadano palestino.

Y para comunicar esos asentamientos entre sí, carreteras de uso exclusivo de los colonos (que siempre van armados) y del ejército israelí, carreteras que dividen el territorio cisjordano en pequeñas islas incomunicados entre sí, y por si esto fuera poco, los continuos controles del ejército de ocupación israelí repartidos por todo el territorio, haciendo la vida imposible a toda la población y condenándolos por consiguiente a la miseria y la desesperación. Prisioneros en su propia tierra.

3. De la resistencia palestina: A finales de 2008, se considera que hay aproximadamente 11.000 presos políticos palestinos encarcelados en las prisiones israelíes, muchos de ellos en “prisión administrativa”, es decir, detenidos por períodos de 6 meses prorrogables indefinidamente sin necesidad de presentar cargos ni llevarlos a juicio, simplemente, de nuevo, “razones de seguridad” del Estado israelí. Así las cosas, es fácil comprender que la cárcel de Guantánamo es un juego de niños comparado con lo que ocurre todos los días desde hace 60 años en el autodenominado “Estado democrático” israelí.

Mucha gente ignora que Israel tiene legalizada la tortura bajo el eufemismo de “presión física moderada”, pero da igual, nunca han respetado sus propias normas a la hora de reprimir a la resistencia palestina, y cuando esos métodos fallan, siempre queda el recurso fácil de conseguir confidentes: ofrecer la libertad de un familiar encarcelado, el acceso a un hospital para un hijo enfermo, un pasaporte para salir del país… Los servicios de información del Shin Beit y del Mossad son muy eficientes…

Por supuesto, todos los miembros de la resistencia palestina son juzgados por tribunales militares, y si en cualquier país “la justicia militar es a la justicia lo que la música militar es a la música”, si a eso añadimos la “justicia militar israelí”, el resultado no puede ser otro que la violación sistemática de las más elementales garantías jurídicas y procesales.

4. De los refugiados palestinos: Se considera que en la actualidad hay aproximadamente 4.000.000 de refugiados palestinos repartidos por diferentes países, la mayoría en los países limítrofes (Líbano, Siria y Jordania), como consecuencia de las sucesivas expulsiones a las que fueron sometidos desde la primera guerra mantenida por el Estado de Israel, la que ellos llaman de la independencia, en 1948. La mayoría de estos refugiados viven en condiciones infrahumanas, y sin embargo, cualquier judío, venga de donde venga, por el simple hecho de ser judío, puede entrar en Israel y tener acceso directo a las generosas ayudas proporcionadas por el Estado para facilitar su integración. Aún así, el 20% de la población que vive en Israel es árabe, es decir, son palestinos que han decidido quedarse en Israel a pesar de ser considerados ciudadanos de tercera categoría y sufrir toda clase de discriminaciones.

5. De los israelíes pacifistas: Si bien podemos considerar a Simón Peres y Slomo Ben Ami impostores paradigmáticos pero que saben vender muy bien su imagen de palomas de la paz, contando con numerosos apoyos entre gente bien intencionada pero totalmente ignorante de la realidad de los hechos, también es cierto que en Israel existen algunos pacifistas de verdad. Son muy pocos y con un papel marginal, pero extraordinariamente valientes y honestos. Por supuesto, sufren toda clase de insultos y descalificaciones: traidores, vendepatrias, judíos que se odian a sí mismos, etc, etc.

Pero tienen nombre y apellidos, citemos a algunos:

  • Uri Avnery: Fundador de la ONG israelí-palestina “Gush Shalom”. Fue miembro de la resistencia armada judía durante el mandato británico (por lo tanto considerado un terrorista por éstos). Diputado de la Knesset (Parlamento israelí) en varias legislaturas.
  • Gideon Levy: Periodista y escritor.
  • Amira Haas: La única mujer periodista israelí que se fue a vivir a Gaza para escribir sus crónicas desde allí.
  • Gilatz Altzmon: Famoso saxofonista de jazz autoexiliado en Londres.
  • Illan Pappé: Profesor de historia de la Universidad de Haifa, impulsor del grupo de “nuevos historiadores” israelíes que han denunciado las sucesivas limpiezas étnicas y atrocidades cometidas por el ejército israelí a lo largo de su historia desde su creación en 1948.
  • Hanna Barag: Dirigente y fundadora de la organización “Machsom-Watch”, que se presentan en los controles del ejército israelí para observar el comportamiento de los soldados. Naturalmente, cuando ellos están presentes evitan las humillaciones y provocaciones habituales a que someten a la población palestina, pero aún así, vale la pena mencionarlos.
  • Jeff Halper: Coordinador del Comité Israelí Contra la Demolición de Casas. Se trata de una de las mayores atrocidades del ejército de ocupación israelí: la demolición de casas de ciudadanos palestinos que no cuentan con la preceptiva autorización de la autoridad militar israelí (por el contrario, ellos no paran de construir casas para sus colonos), y la demolición de las casas de los autores de atentados suicidas pero que siempre afectan a las casas colindantes, dejando siempre a varias familias en la calle, cuando no se trata de edificios enteros. ¿Se imaginan que pasaría si eso mismo lo hubiera hecho el gobierno español con los terroristas de ETA, o el gobierno inglés en su momento con los terroristas del IRA, o el alemán con los de la banda Baader-Meinhoff, o el gobierno italiano con las Brigadas Rojas?

Hay más personas y organizaciones, cierto, pero poco más. En cualquier caso, éstas pueden ser representativas de ese minúsculo sector de la sociedad israelí que se rebela contra la barbarie de sus gobiernos y exigen el respeto a los derechos humanos y la legalidad internacional y por lo tanto, el fin de la ocupación y la devolución de todos los territorios ocupados a cambio de la paz.

6. De la impunidad del terrorismo de estado israelí: Y así llevan 60 años, desde el mismo día de su creación como Estado, resultado precisamente de una resolución de la ONU, esa misma ONU que Israel se empeña en ignorar sus resoluciones cada vez que contradice sus intereses, y siempre con el apoyo incondicional de los sucesivos gobiernos de Estados Unidos (no importa si son demócratas o republicanos) gracias al trabajo del inefable lobby judío estadounidense, así como con la aquiescencia de la Unión Europea, siempre condicionada por la división de opiniones en el seno de los diferentes gobiernos que la componen y la mala conciencia del tristemente famoso Holocausto, y por supuesto la impotencia interesada y bravuconería inútil de los variopintos gobiernos árabes, a los que toda la fuerza se les va por la boca, pues siempre están temerosos de la presión de sus respectivos pueblos, siempre indignados e impotentes con la soledad de la lucha del pueblo palestino.

7. De la salida del conflicto: La lucha del pueblo palestino seguirá pasando por flujos y reflujos, momentos álgidos de enfrentamiento y momentos de repliegue, pero algún día Israel tendrá que elegir: o paz y seguridad o los territorios. Y por lo tanto en algún momento se verá abocado a:

  • Cumplir la resolución 242 de la ONU.
  • Desmantelar todos los asentamientos de colonos en los territorios ocupados.
  • Liberar a todos los presos políticos de la resistencia palestina.
  • Negociar con las autoridades palestinas el retorno o la indemnización a los refugiados.
  • Cumplir la resolución del Tribunal Internacional de La Haya y desmantelar el muro de separación e indemnizar a los palestinos afectados por las expropiaciones y daños causados en su vida cotidiana.
  • Volver a las fronteras del 67 y permitir la existencia de un Estado palestino viable, seguro e independiente.

Dicho así, parece uno de tantos sueños utópicos. Puede ser, puede ser, pero torres más altas ya cayeron: ¿qué pasó con el muro de Berlín? ¿qué pasó con la Sudáfrica del apartheid?. Pues por ahí precisamente pueden ir los tiros, ¿para cuándo el boicot político, comercial, deportivo, etc a Israel? ¿Qué pinta ese país en Eurovisión o en la liga de baloncesto europea, por ejemplo?

Pues bien, Slomo Ben Ami: parafraseando aquella famosa consigna de la campaña electoral de Bill Clinton que decía “Es la economía, estúpido”, a ti podemos decirte lo mismo: “Es la ocupación, estúpido”. De eso es de lo que hay que hablar si de verdad quieres la paz y la seguridad para tu país. Deja de marear la perdiz y esconder la verdad de los hechos. No queremos las botas de Sharon, ni las de Rabin, ni las de Barak, ni tus zapatos Gucci. Simplemente, queremos el fin de la ocupación y la libertad para el pueblo palestino, y entonces, también Israel tendrá paz y seguridad, pero renunciando a los territorios ocupados, obviamente.


Xuño, Porto do Son, diciembre de 2008.

Carlos Sánchez Pardo

, trabajador voluntario en el kibbutz “Lohamet Hagetaot” y en el moshav “Sde Nitzan”, Israel, 1987. Cooperante, coordinador de proyectos de la ONG “Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad” en Cisjordania, 2002, y jefe de misión de la ONG “Solidaridad Internacional” en Palestina, 2004.

 

http://www.igadi.org/tribuna/pdf/csp_es_la_ocupacion_estupido_pr.pdf

Para la encuesta de Iberglobal ver:

http://www.iberglobal.com//index.php?option=com_surveys&Itemid=35&act=view_survey&survey=Think%20tanks

 

Edward W. Said, pretende rememorar, tras sesenta años de colonización y ocupación israelí, la Naqbah palestina

A pesar de los hechos, de la sangrienta realidad en Gaza y Cisjordania, de años y años de colonización impune, de asentamientos, de demoliciones de casas, de asesinatos de niños y mujeres inocentes, del muro del apartheid,…a pesar de todo ello las posturas ideológicas se mantienen de forma horrenda y moralmente inaceptable, como si una democracia, en verdad falsa y llena de fisuras, hubiera florecido de la nada en un desierto para acoger a «un pueblo sin tierra». Cuando en realidad si uno se sumerge en las fuentes de los archivos ocultos por los sionistas, como han hecho brillantemente y de una forma absolutamente admirable, historiadores israelíes tales como Ilan Pappe, Benny Morris, o Avi Shlaim, se puede descubrir una verdad escalofriante, es decir la cruel realidad de cómo se creó un Estado que pretendía convertirse en un error epistemológico en sí mismo: el «hogar nacional judío», anhelado por los sionistas. Estamos hablando de aquello que se deja en la sombra, es decir, de la limpieza étnica planificada y llevada a la práctica para lograr la proclamación de un Estado sionista, del soñado Eretz Israel.

Una campaña deliberada para vaciar Palestina de árabes, con la intención de desarticular a toda una sociedad, masacrando aldeas enteras (Deir Yassin, Tantura…), y provocando la expulsión del 68% de los palestinos de la Palestina histórica: 750.000 palestinos se convirtieron en refugiados y exiliados y más de 250 aldeas árabe-palestinas se convirtieron a la fuerza en hebreas-israelíes.

Ver artículo completo en Astrolabio.

http://www.ub.es/astrolabio/Articulos7/Camargo.pdf

El grito silencioso

 

Como el Holocausto que perpetró el nazismo, la invasión de Irak y la masacre de la población palestina por parte de Israel son, para la socióloga Rita Segato, eventos que se escapan de toda narrativa. Esta clase de dolor enmudece y vuelve fútil cualquier narrativa, cualquier intento de ordenar –y, por tanto, estetizar– el Mal que se produjo en las últimas semanas en Medio Oriente. Aunque, claro, esta imposibilidad no alcanza para explicar la indiferencia de los líderes de Estado.

Rita Laura Segato

 

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Como muchos y en medio del espanto que va apoderándose de la opinión pública, asisto al insoportable espectáculo de la masacre del pueblo palestino. La exhibición de la agresión letal pretende imponernos la certeza de que nada, ningún esfuerzo conseguirá interponerse entre el poder de muerte del Estado de Israel y el pueblo condenado. Ese espectáculo de arbitrariedad es también el espectáculo de la decadencia moral y jurídica de Occidente.

Como tantos, por estos días, intento gritar, pero el grito no se oye, parece no llegar jamás a destino. Grito inaudible, como aquel de la eficaz pintura de Edward Munch, que resulta para siempre inolvidable por retratar el grito moderno, el grito insulado propio de la situación de fragmentación existencial que Hannah Arendt magistralmente distinguió de la experiencia de la soledad. El increíble fenómeno de la inaudibilidad del grito indica que nos sumergimos, sin percibirlo, en la incomunicabilidad propia de toda atmósfera totalitaria, con su estado de sitio mediático, con su lengua eufemística, con el encapsulamiento de los sujetos.

La gritería general que se condensa en textos, como éste mismo, convulsivos, desasosegados, en desvelo, no sale de la boca y no alcanza a sus interlocutores. No consigue interrumpir la acción exterminadora de sus destinatarios. La escritura es intransitiva. Aquella que Roland Barthes definió y otros consideraron la única forma de expresión legítima de la experiencia concentracionaria, única capaz de captar este presente de intemperie extrema, intraducible bewilderness –ya sea física para aquellos que, en su minúsculo y torturado territorio-lager, mueren su muerte de hierro, dolor, hambre y frío, o moral y espiritual, como la de todos nosotros, incluyendo los propios verdugos, en su aparente júbilo–.

Este padecimiento irremediable e inconsolable es algún déjà-vu, una experiencia que remite a un pasado no lejano en que voces también desoladas intentaron insurgirse contra el hierro y el fuego del exterminio de otro pueblo. Es indiscutible el parecido, tanto en la acción como en la reacción desatada, con el evento de la invasión de Irak, que, en la época, no consiguieron detener los gritos eminentes y asombrosamente inaudibles –porque inocuos– de autores como Gabriel García Márquez, José Saramago, Gore Vidal, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Harold Pinter, Susan Sontag, John Le Carré o Noam Chomsky. Nada consiguió, en aquella ocasión, interrumpir el avance de la letalidad norteamericana. Elocuente fue, en aquellos días todavía próximos, la carta-respuesta de Federico Fasano, director del diario La República de Uruguay, al embajador norteamericano en ese país, publicada en separata de su periódico el 30 de marzo de 2003. Ella iluminaba, una a una, exhaustivamente, las numerosas coincidencias entre los Estados Unidos post 11 de septiembre de 2001 y el régimen de la Alemania nazi. Críticas todas feroces y convincentes, que poco significaron frente al avance del fuego genocida.

 

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Voces optimistas se alzaron para afirmar que nunca la opinión pública mundial había alcanzado tal nivel de lucidez frente al poder imperial, que la protesta popular hacía años que no mostraba una vitalidad tan grande. Millones de personas fueron a las calles para manifestar contra el absurdo. Nunca, según los analistas, el capital simbólico y el capital moral de los Estados Unidos de América habían caído a niveles tan bajos. Sin embargo, si los textos eminentes hubiesen podido, como se creyó, acceder a las conciencias y sacudirlas, el horror, ayer como hoy, hubiera sido interrumpido. La única y mayor diferencia entre la irracionalidad contemporánea y la de la Alemania de la Shoah es que, hoy, la evidencia se encuentra expuesta y la opinión pública antepone su grito frente a esa evidencia. Pero el grito, por una razón que debemos examinar, se tornó inaudible, y el clamor, sordo. Todas las soberanías fueron suspendidas y los derechos y recursos de todos los pueblos fueron alienados cuando el poder de muerte se consagró como ley única, a los ojos del mundo, con la invasión de Irak y, hoy, con la devastación de Gaza. Una mecánica primordial, zoológica y primitiva afloró y desbancó la gramática inteligible de las leyes humanas cuando no hubo límite para el poder exterminador del Norte, desdoblado ahora en el brazo de Israel. Lo que hoy presenciamos es parte de la misma lección de anomia imperial – emergencia de la capacidad bélica letal y genocida de un pueblo sobre otros como procedimiento único–. ¿Cómo eso es posible? O, como en el epígrafe elegido por Hannah Arendt, citando David Rosset, ¿cómo puede ser que “todo es posible”? Y, aún: ¿Cómo representar ese “todo” de las posibilidades, cómo comunicarlo y atajarlo? ¿Cómo encontrar la palabra eficiente cuando la sintaxis que organiza toda narrativa intenta capturar el monstruo a-gramatical, el mecanismo exclusivo de la fuerza bruta, y toca el sustrato pétreo de lo pre-humano, de lo in-humano, de lo inenarrable e indescriptible?

Voces de autores de descendencia total o, como yo, parcialmente judía se elevan una tras otra intentando sin éxito esa eficiencia denunciatoria del papel cumplido por el Estado de Israel al sumergir la Humanidad en la barbarie de la ley del más fuerte. ¡No podrían nunca ser judíos quienes rasgasen ahora la malla preciosa del tejido humano, cuando fue en nombre del sufrimiento de su pueblo que Occidente intentó un pacto universal! Pero caen en el vacío las repetidas advertencias de Norman Finkelstein, Ilan Pappe, Tony Judt, Daniel Baremboim, Juan Gelman, León Rozitchner, Ricardo Forster, Gilad Atzmon, entre tantos otros que no aceptan identificarse con el belicismo antipalestino. Parece inevitable, sin embargo, que colectividades nacionales de judíos sin ninguna conexión con la postura bélica en cuestión se transformarán también en sus rehenes y víctimas, ellas mismas, al quedar expuestas a un juicio público cada día más indignado y no siempre instruido como para comprender la distancia existente entre ellas y los cómplices del poder imperial que administran el precario Estado de Israel. Se cita la carta que Albert Einstein escribió ya en 1929 al sionista Georg Weismann, haciéndole notar la importancia de construir una convivencia armónica con los árabes. Se menciona que fueron judíos sin Estado y sin lealtades nacionales mezquinas los que prodigaron a la Humanidad toda los dones de su imaginación intelectual fecunda y libertaria. Se revisan las páginas de Hannah Arendt, como su indagación de las entrañas simplonas del Mal expuestas en el juicio de Eichmann en Jerusalén: en las declaraciones del reo nos asombra constatar la afinidad natural entre el proyecto nazi de la deportación en masa de los judíos –la así llamada “primera solución”– y el proyecto sionista inaugurado por Theodor Herzl.

Sin embargo, todos los argumentos y los relatos se chocan con una imposibilidad, que es la propia imposibilidad de la representación: el Mal no puede ser representado, porque la narrativa solamente puede transmitir, comunicar, aquello que obedece a la estructura que dona sentido, aquello que encuentra correspondencia con la lógica humana, con la racionalidad y la gramaticalidad propia de todo lenguaje. Fuera de eso, golpeamos en una puerta falsa, emitimos sonidos condenados al silencio. Lo que digamos no conseguirá capturar el horror de los sucesos, porque los sucesos son tan ininteligibles como el propio abismo de la muerte. Ante la imposibilidad de significar el vacío de la ley (“esa nada que nos subyuga” en el orden autoritario burocrático), explica Martín Hopenhayn en su sutil ensayo sobre el autor de El Castillo, el texto kafkiano recurre a la mímesis y a la reificación. Ningún lenguaje referencial, “ninguna adecuación del lenguaje a la cosa” resultaría eficiente. Fue esa imposibilidad de representar la suspensión de toda ley lo que Schoenberg alegorizó en Un sobreviviente en Varsovia, obra compuesta para narrador, coro y orquesta en la que se describe el camino de un grupo de prisioneros de un campo de concentración alemán a la cámara de gas. La composición textualiza el trayecto de los prisioneros, pero, al alcanzar el momento del horror supremo, Schoenberg se calla, su narrativa se detiene para dejar paso a la voz colectiva. Se escucha entonces no ya la voz autoral del compositor, sino el himno judío Shemá Israel con texto en hebreo y partes en alemán: solamente lo colectivo ancestral puede sustituir el silencio abisal de lo inenarrable.

Como se discute en la importante obra colectiva organizada por Saul Friedlander Probing the limits of representation. Nazism and the final solution (Harvard University Press, 1992), el Holocausto –que yo preferiría escribir en plural para incluir, entre otros exterminios, el que ahora testimoniamos– nos coloca frente a la cuestión de lo inenarrable y de lo inimaginable, de lo incomunicable de aquello que, por la monstruosidad, se desvía del dominio de lo humano y, como tal, se evade de la representación. La invasión de Irak y el genocidio de Gaza forman parte del mismo grupo de eventos que suspenden toda gramática humana, que ignoran todo contrato. De ahí la dificultad de los textos al intentar generar la conciencia necesaria para sacudir el orden genocida e interrumpir la matanza.

Fue otro judío notable, George Steiner, quien, en su ensayo sintomáticamente llamado “post-escrito”, parte de la obra Lenguaje y silencio – Ensayos sobre la Crisis de la Palabra, afirmó: “Pues no es cosa cierta, de modo alguno, que el discurso racional pueda lidiar con tales cuestiones, estando como están fuera de la sintaxis normativa de la comunicación humana, en el dominio explícito de lo bestial”. Toda narrativa es ordenamiento y, por lo tanto, estetización. Esto representa un límite para la posibilidad de tornar el Mal comunicable.

Si la palabra es inocua frente a la barbarie, si la retórica de los textos no alcanza y no toca los oídos de la Bestia y no consigue sacudir el marasmo de las multitudes atónitas, no habrá salida: solamente la fuerza bruta restará para oponerse a la fuerza bruta. El ataque de Israel estará sentenciado a otorgar validez a la lucha de Hamas. Es un teorema sociológico.

 

Por pagina 12 – Wednesday, Jan. 28, 2009 at 5:31 PM

 

http://argentina.indymedia.org/news/2009/01/651247.php

Escribe que soy árabe

MAHMUD DARWISH

CARTA DE IDENTIDAD

Escribe
que soy árabe,
y el número de mi carnet es el cincuenta mil;
que tengo ya ocho hijos,
y llegará el noveno al final del verano.
¿Te enfadarás por ello?

Escribe
que soy árabe,
y con mis camaradas de infortunio
trabajo en la cantera.
Para mis ocho hijos
arranco, de las rocas,
el mendrugo de pan,
el vestido y los libros.
No mendigo limosnas a tu puerta,
ni me rebajo
ante tus escalones.
¿Te enfadarás por ello?

Escribe
que soy árabe.
Soy nombre sin apodo.
Espero, con paciencia, en un país
en el que todo lo que hay
existe airadamente.
Mis raíces,
se hundieron antes del nacimiento
de los tiempos,
antes de la apertura de las eras,
del ciprés y el olivo,
antes de la primicia de la hierba.
Mi padre…
de la familia del arado,
no de nobles señores.
Mi abuelo era un labriego,
sin títulos ni nombres.
Mi casa es una choza campesina
de cañas y maderos,
¿te complace?…
Soy nombre sin apodo.

Escribe
que soy árabe,
que tengo el pelo negro
y los ojos castaños;
que, para más detalles,
me cubro la cabeza con un velo;
que son mis palmas duras como la roca
y pinchan al tocarlas.
Y me gusta el aceite y el tomillo.
Que vivo
en una aldea perdida, abandonada,
sin nombres en las calles.
Y cuyos hombres todos
están en la cantera o en el campo…
¿Te enfadarás por ello?

Escribe
que soy árabe;
que robaste las viñas de mi abuelo
y una tierra que araba,
yo, con todos mis hijos.
Que sólo nos dejaste
estas rocas…
¿No va a quitármelas tu gobierno también,
como se dice?…

Escribe, pues…
Escribe
en el comienzo de la primera página
que no aborrezco a nadie,
ni a nadie robo nada.
Mas, que si tengo hambre,
devoraré la carne de quien a mí me robe.
¡Cuidado, pues!…
¡Cuidado con mi hambre,
y con mi ira!

········

A MI MADRE

Añoro el pan de mi madre,

El café de mi madre,

Las caricias de mi madre…

Día a día,

La infancia crece en mí

Y deseo vivir porque

Si muero, sentiré

Vergüenza de las lágrimas de mi madre.

Si algún día regreso, tórname en

Adorno de tus pestañas,

Cubre mis huesos con hierba

Purificada con el agua bendita de tus tobillos

Y átame con un mechón de tu cabello

O con un hilo del borde de tu vestido…

Tal vez me convierta en un dios,

Sí, en un dios,

Si logro tocar el fondo de tu corazón.

Si regreso. Tórname en

Leña de tu fuego encendido

O en cuerda de tender en la azotea de tu casa

Porque no puedo sostenerme

Sin tu oración cotidiana.

He envejecido. Devuélveme las estrellas de la infancia

Para que pueda emprender

Con los pájaros pequeños

El camino de regreso

Al nido donde tú aguardas.

Del poemario: Enamorado de Palestina (1966)

Traducción del árabe por María Luisa Prieto

…………..

¿CUÁNTAS VECES TERMINARÁ LO NUESTRO?

Contempla sus días en el humo de los cigarros,

mira el reloj de bolsillo:

si pudiera, pausaría su sonido

para aplazar la maduración de la avena.

Él sale de sí mismo agotado, impaciente.

El tiempo de la mies ha llegado.

Las espigas son pesadas, las hoces descuidadas

y el país

se aleja ahora de su puerta profética.

El verano del Líbano me habla de

mis viñas en el Sur.

El verano del Líbano me habla

del más allá de la naturaleza,

pero mi camino hacia Dios comienza

desde una estrella en el Sur…

– ¿Me hablas, padre?

– Ellos han fijado una tregua en la isla de

Rodas, hijo.

– ¿Y qué tenemos nosotros que ver con eso, padre?

– Y se ha terminado todo.

– ¿Cuántas veces terminará lo nuestro, padre?

– Ya se ha terminado. Han cumplido con su deber:

Han disparado con fusiles rotos contra los aviones enemigos.

Hemos cumplido con nuestro deber. Nos hemos alejado de

los acedaraques para no mover la gorra del jefe militar.

Hemos vendido los anillos de nuestras mujeres

para que cazaran pájaros, hijo.

– ¿Pero entonces, padre, nos quedaremos aquí,

bajo el sauce del viento,

entre los cielos y el mar?

– Hijo mío, todo aquí

se asemejará a algo de allí.

Seremos a nuestra imagen y semejanza

por las noches,

y la estrella eterna de la semejanza

nos consumirá.

– Padre, aligérame del peso de tus palabras.

– He dejado las ventanas abiertas al arrullo

de las palomas,

he dejado mi rostro en el brocal del pozo,

he dejado a las palabras charlando a su antojo,

colgadas en el armario,

he dejado a la oscuridad en su noche,

envuelta en la lana de mi espera,

he dejado a las nubes tendiendo sus zaragüelles

en la higuera,

he dejado al sueño engendrando al sueño

y he dejado a la paz sola,

allí en la tierra…

– ¿Estabas soñando en mi vigilia, padre?

– Levántate. Regresaremos, hijo mío.

Traducción del árabe por María Luisa Prieto

Biografía de Mahmud Darwish en EPdLP,

Mahmud Darwish en Poesiaarabe.com

http://www.poesiaarabe.com/Mahmud%20Darwish.htm

mahmud-darwish

Mahmoud Darwich nació el 13 marzo de 1941 en el pueblo de Al-Birwa, en la Galilea, y ha sido el poeta palestino más reconocido en el exterior, honrado con reconocimientos como la medalla del Caballero de las Artes las Letras de Francia en 1997, el premio Lotus en 1969, el Lenin, en 1983, el premio de la fundación Lannan a la libertad cultural, en el 2001, y el Príncipe Claus de Holanda, en 2004.

Tras el estallido de la primera guerra árabe israelí, su pueblo fue destruido y sus habitantes obligados a un exilio forzo.

Tras su vuelta del Líbano, donde permaneció por un año, Darwish vivió en diversas localidades de los territorios palestinos, donde era detenido reiteradamente por las autoridades israelíes por sus escritos y su actividad política contra la ocupación.

En 1960, a la edad de 19 años, escribió su primer poema, titulado Pájaros sin alas. Un año más tarde ingresaría en el Partido Comunista de Israel, formación judeo árabe. Publicó su primera obra, “Hojas de Olivo”, a los 22 años de edad desde entonces ha escrito más de una veintena de libros de poesía y cinco de prosa y sus textos han sido traducidos a más de 20 idiomas.

Su célebre poema de 1964, Identidad (Sajjel: Ana arabi), basado en un formulario israelí, se convirtió en un himno del todo el mundo árabe.

En 1970 se vió obligado a abandonar su tierra y exiliarse primero en Moscú y luego en El Cairo, Beirut y una sucesión de capitales árabes.

Darwish formó parte del Comité Ejecutivo de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), cargo al que renunció en protesta por la firma de los acuerdos de Oslo, en 1993 entre palestinos e israelíes.

Fue el autor, en 1988, de la Declaración de la Independencia Palestina, lo que le valió, junto con su obra en defensa de la libertad y de su tierra, el sobrenombre de “poeta de la resistencia”, si bien también supo cantar a la vida y al amor.

Falleció en Houston (Estados Unidos) el 9 de agosto de 2008.

Operación Plomo Impune por Eduardo Galeano

Para justificarse, el terrorismo de Estado fabrica terroristas: siembra odio y cosecha coartadas.
Eduardo Galeano

Todo indica que esta carnicería de Gaza, que según sus autores quiere acabar con los terroristas, logrará multiplicarlos. Desde 1948, los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir sus gobernantes. Cuando votan a quien no deben votar, son castigados. Gaza está siendo castigada. Se convirtió en una ratonera sin salida, desde que Hamas ganó limpiamente las elecciones, en el año 2006. Algo parecido había ocurrido en 1932, cuando el Partido Comunista triunfó en las elecciones de El Salvador. Bañados en sangre, los salvadoreños expiaron su mala conducta y desde entonces vivieron sometidos a dictaduras militares. La democracia es un lujo que no todos merecen.

mundo
***
Son hijos de la impotencia los cohetes caseros que los militantes de Hamas, acorralados en Gaza, disparan con chambona puntería sobre las tierras que habían sido palestinas y que la ocupación israelita usurpó. Y la desesperación, a la orilla de la locura suicida, es la madre de las bravatas que niegan el derecho a la existencia de Israel, gritos sin ninguna eficacia, mientras la muy eficaz guerra de exterminio está negando, desde hace años, el derecho a la existencia de Palestina.
Ya poca Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa.
Los colonos invaden, y tras ellos los soldados van corrigiendo la frontera. Las balas sacralizan el despojo, en legítima defensa.
No hay guerra agresiva que no diga ser guerra defensiva. Hitler invadió Polonia para evitar que Polonia invadiera Alemania. Bush invadió Irak para evitar que Irak invadiera el mundo. En cada una de sus guerras defensivas, Israel se ha tragado otro pedazo de Palestina, y los almuerzos siguen. La devoración se justifica por los títulos de propiedad que la Biblia otorgó, por los dos mil años de persecución que el pueblo judío sufrió, y por el pánico que generan los palestinos al acecho.
***
Israel es el país que jamás cumple las recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes internacionales, y es también el único país que ha legalizado la tortura de prisioneros.
¿Quién le regaló el derecho de negar todos los derechos? ¿De dónde viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza de Gaza? El gobierno español no hubiera podido bombardear impunemente al País Vasco para acabar con eta, ni el gobierno británico hubiera podido arrasar Irlanda para liquidar al ira. ¿Acaso la tragedia del Holocausto implica una póliza de eterna impunidad? ¿O esa luz verde proviene de la potencia mandamás que tiene en Israel al más incondicional de sus vasallos?
***
El ejército israelí, el más moderno y sofisticado del mundo, sabe a quién mata. No mata por error. Mata por horror. Las víctimas civiles se llaman daños colaterales, según el diccionario de otras guerras imperiales. En Gaza, de cada diez daños colaterales, tres son niños. Y suman miles los mutilados, víctimas de la tecnología del descuartizamiento humano, que la industria militar está ensayando exitosamente en esta operación de limpieza étnica.
Y como siempre, siempre lo mismo: en Gaza, cien a uno. Por cada cien palestinos muertos, un israelí.
Gente peligrosa, advierte el otro bombardeo, a cargo de los medios masivos de manipulación, que nos invitan a creer que una vida israelí vale tanto como cien vidas palestinas. Y esos medios también nos invitan a creer que son humanitarias las doscientas bombas atómicas de Israel, y que una potencia nuclear llamada Irán fue la que aniquiló Hiroshima y Nagasaki.
***
La llamada comunidad internacional, ¿existe?
¿Es algo más que un club de mercaderes, banqueros y guerreros? ¿Es algo más que el nombre artístico que Estados Unidos se pone cuando hace teatro?
Ante la tragedia de Gaza, la hipocresía mundial se luce una vez más. Como siempre, la indiferencia, los discursos vacíos, las declaraciones huecas, las declamaciones altisonantes, las posturas ambiguas rinden tributo a la sagrada impunidad.
Ante la tragedia de Gaza, los países árabes se lavan las manos. Como siempre. Y como siempre, los países europeos se frotan las manos.
La vieja Europa, tan capaz de belleza y de perversidad, derrama alguna que otra lágrima, mientras secretamente celebra esta jugada maestra. Porque la cacería de judíos fue siempre una costumbre europea, pero desde hace medio siglo esa deuda histórica está siendo cobrada a los palestinos, que también son semitas y que nunca fueron, ni son, antisemitas. Ellos están pagando, en sangre contante y sonante, una cuenta ajena.

(Este artículo está dedicado a mis amigos judíos asesinados por las dictaduras latinoamericanas que Israel asesoró.)

http://www.brecha.com.uy/alter/index.php?option=com_content&task=view&id=585&Itemid=70