Edward W. Said, pretende rememorar, tras sesenta años de colonización y ocupación israelí, la Naqbah palestina

A pesar de los hechos, de la sangrienta realidad en Gaza y Cisjordania, de años y años de colonización impune, de asentamientos, de demoliciones de casas, de asesinatos de niños y mujeres inocentes, del muro del apartheid,…a pesar de todo ello las posturas ideológicas se mantienen de forma horrenda y moralmente inaceptable, como si una democracia, en verdad falsa y llena de fisuras, hubiera florecido de la nada en un desierto para acoger a «un pueblo sin tierra». Cuando en realidad si uno se sumerge en las fuentes de los archivos ocultos por los sionistas, como han hecho brillantemente y de una forma absolutamente admirable, historiadores israelíes tales como Ilan Pappe, Benny Morris, o Avi Shlaim, se puede descubrir una verdad escalofriante, es decir la cruel realidad de cómo se creó un Estado que pretendía convertirse en un error epistemológico en sí mismo: el «hogar nacional judío», anhelado por los sionistas. Estamos hablando de aquello que se deja en la sombra, es decir, de la limpieza étnica planificada y llevada a la práctica para lograr la proclamación de un Estado sionista, del soñado Eretz Israel.

Una campaña deliberada para vaciar Palestina de árabes, con la intención de desarticular a toda una sociedad, masacrando aldeas enteras (Deir Yassin, Tantura…), y provocando la expulsión del 68% de los palestinos de la Palestina histórica: 750.000 palestinos se convirtieron en refugiados y exiliados y más de 250 aldeas árabe-palestinas se convirtieron a la fuerza en hebreas-israelíes.

Ver artículo completo en Astrolabio.

http://www.ub.es/astrolabio/Articulos7/Camargo.pdf

El grito silencioso

 

Como el Holocausto que perpetró el nazismo, la invasión de Irak y la masacre de la población palestina por parte de Israel son, para la socióloga Rita Segato, eventos que se escapan de toda narrativa. Esta clase de dolor enmudece y vuelve fútil cualquier narrativa, cualquier intento de ordenar –y, por tanto, estetizar– el Mal que se produjo en las últimas semanas en Medio Oriente. Aunque, claro, esta imposibilidad no alcanza para explicar la indiferencia de los líderes de Estado.

Rita Laura Segato

 

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Como muchos y en medio del espanto que va apoderándose de la opinión pública, asisto al insoportable espectáculo de la masacre del pueblo palestino. La exhibición de la agresión letal pretende imponernos la certeza de que nada, ningún esfuerzo conseguirá interponerse entre el poder de muerte del Estado de Israel y el pueblo condenado. Ese espectáculo de arbitrariedad es también el espectáculo de la decadencia moral y jurídica de Occidente.

Como tantos, por estos días, intento gritar, pero el grito no se oye, parece no llegar jamás a destino. Grito inaudible, como aquel de la eficaz pintura de Edward Munch, que resulta para siempre inolvidable por retratar el grito moderno, el grito insulado propio de la situación de fragmentación existencial que Hannah Arendt magistralmente distinguió de la experiencia de la soledad. El increíble fenómeno de la inaudibilidad del grito indica que nos sumergimos, sin percibirlo, en la incomunicabilidad propia de toda atmósfera totalitaria, con su estado de sitio mediático, con su lengua eufemística, con el encapsulamiento de los sujetos.

La gritería general que se condensa en textos, como éste mismo, convulsivos, desasosegados, en desvelo, no sale de la boca y no alcanza a sus interlocutores. No consigue interrumpir la acción exterminadora de sus destinatarios. La escritura es intransitiva. Aquella que Roland Barthes definió y otros consideraron la única forma de expresión legítima de la experiencia concentracionaria, única capaz de captar este presente de intemperie extrema, intraducible bewilderness –ya sea física para aquellos que, en su minúsculo y torturado territorio-lager, mueren su muerte de hierro, dolor, hambre y frío, o moral y espiritual, como la de todos nosotros, incluyendo los propios verdugos, en su aparente júbilo–.

Este padecimiento irremediable e inconsolable es algún déjà-vu, una experiencia que remite a un pasado no lejano en que voces también desoladas intentaron insurgirse contra el hierro y el fuego del exterminio de otro pueblo. Es indiscutible el parecido, tanto en la acción como en la reacción desatada, con el evento de la invasión de Irak, que, en la época, no consiguieron detener los gritos eminentes y asombrosamente inaudibles –porque inocuos– de autores como Gabriel García Márquez, José Saramago, Gore Vidal, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Harold Pinter, Susan Sontag, John Le Carré o Noam Chomsky. Nada consiguió, en aquella ocasión, interrumpir el avance de la letalidad norteamericana. Elocuente fue, en aquellos días todavía próximos, la carta-respuesta de Federico Fasano, director del diario La República de Uruguay, al embajador norteamericano en ese país, publicada en separata de su periódico el 30 de marzo de 2003. Ella iluminaba, una a una, exhaustivamente, las numerosas coincidencias entre los Estados Unidos post 11 de septiembre de 2001 y el régimen de la Alemania nazi. Críticas todas feroces y convincentes, que poco significaron frente al avance del fuego genocida.

 

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Voces optimistas se alzaron para afirmar que nunca la opinión pública mundial había alcanzado tal nivel de lucidez frente al poder imperial, que la protesta popular hacía años que no mostraba una vitalidad tan grande. Millones de personas fueron a las calles para manifestar contra el absurdo. Nunca, según los analistas, el capital simbólico y el capital moral de los Estados Unidos de América habían caído a niveles tan bajos. Sin embargo, si los textos eminentes hubiesen podido, como se creyó, acceder a las conciencias y sacudirlas, el horror, ayer como hoy, hubiera sido interrumpido. La única y mayor diferencia entre la irracionalidad contemporánea y la de la Alemania de la Shoah es que, hoy, la evidencia se encuentra expuesta y la opinión pública antepone su grito frente a esa evidencia. Pero el grito, por una razón que debemos examinar, se tornó inaudible, y el clamor, sordo. Todas las soberanías fueron suspendidas y los derechos y recursos de todos los pueblos fueron alienados cuando el poder de muerte se consagró como ley única, a los ojos del mundo, con la invasión de Irak y, hoy, con la devastación de Gaza. Una mecánica primordial, zoológica y primitiva afloró y desbancó la gramática inteligible de las leyes humanas cuando no hubo límite para el poder exterminador del Norte, desdoblado ahora en el brazo de Israel. Lo que hoy presenciamos es parte de la misma lección de anomia imperial – emergencia de la capacidad bélica letal y genocida de un pueblo sobre otros como procedimiento único–. ¿Cómo eso es posible? O, como en el epígrafe elegido por Hannah Arendt, citando David Rosset, ¿cómo puede ser que “todo es posible”? Y, aún: ¿Cómo representar ese “todo” de las posibilidades, cómo comunicarlo y atajarlo? ¿Cómo encontrar la palabra eficiente cuando la sintaxis que organiza toda narrativa intenta capturar el monstruo a-gramatical, el mecanismo exclusivo de la fuerza bruta, y toca el sustrato pétreo de lo pre-humano, de lo in-humano, de lo inenarrable e indescriptible?

Voces de autores de descendencia total o, como yo, parcialmente judía se elevan una tras otra intentando sin éxito esa eficiencia denunciatoria del papel cumplido por el Estado de Israel al sumergir la Humanidad en la barbarie de la ley del más fuerte. ¡No podrían nunca ser judíos quienes rasgasen ahora la malla preciosa del tejido humano, cuando fue en nombre del sufrimiento de su pueblo que Occidente intentó un pacto universal! Pero caen en el vacío las repetidas advertencias de Norman Finkelstein, Ilan Pappe, Tony Judt, Daniel Baremboim, Juan Gelman, León Rozitchner, Ricardo Forster, Gilad Atzmon, entre tantos otros que no aceptan identificarse con el belicismo antipalestino. Parece inevitable, sin embargo, que colectividades nacionales de judíos sin ninguna conexión con la postura bélica en cuestión se transformarán también en sus rehenes y víctimas, ellas mismas, al quedar expuestas a un juicio público cada día más indignado y no siempre instruido como para comprender la distancia existente entre ellas y los cómplices del poder imperial que administran el precario Estado de Israel. Se cita la carta que Albert Einstein escribió ya en 1929 al sionista Georg Weismann, haciéndole notar la importancia de construir una convivencia armónica con los árabes. Se menciona que fueron judíos sin Estado y sin lealtades nacionales mezquinas los que prodigaron a la Humanidad toda los dones de su imaginación intelectual fecunda y libertaria. Se revisan las páginas de Hannah Arendt, como su indagación de las entrañas simplonas del Mal expuestas en el juicio de Eichmann en Jerusalén: en las declaraciones del reo nos asombra constatar la afinidad natural entre el proyecto nazi de la deportación en masa de los judíos –la así llamada “primera solución”– y el proyecto sionista inaugurado por Theodor Herzl.

Sin embargo, todos los argumentos y los relatos se chocan con una imposibilidad, que es la propia imposibilidad de la representación: el Mal no puede ser representado, porque la narrativa solamente puede transmitir, comunicar, aquello que obedece a la estructura que dona sentido, aquello que encuentra correspondencia con la lógica humana, con la racionalidad y la gramaticalidad propia de todo lenguaje. Fuera de eso, golpeamos en una puerta falsa, emitimos sonidos condenados al silencio. Lo que digamos no conseguirá capturar el horror de los sucesos, porque los sucesos son tan ininteligibles como el propio abismo de la muerte. Ante la imposibilidad de significar el vacío de la ley (“esa nada que nos subyuga” en el orden autoritario burocrático), explica Martín Hopenhayn en su sutil ensayo sobre el autor de El Castillo, el texto kafkiano recurre a la mímesis y a la reificación. Ningún lenguaje referencial, “ninguna adecuación del lenguaje a la cosa” resultaría eficiente. Fue esa imposibilidad de representar la suspensión de toda ley lo que Schoenberg alegorizó en Un sobreviviente en Varsovia, obra compuesta para narrador, coro y orquesta en la que se describe el camino de un grupo de prisioneros de un campo de concentración alemán a la cámara de gas. La composición textualiza el trayecto de los prisioneros, pero, al alcanzar el momento del horror supremo, Schoenberg se calla, su narrativa se detiene para dejar paso a la voz colectiva. Se escucha entonces no ya la voz autoral del compositor, sino el himno judío Shemá Israel con texto en hebreo y partes en alemán: solamente lo colectivo ancestral puede sustituir el silencio abisal de lo inenarrable.

Como se discute en la importante obra colectiva organizada por Saul Friedlander Probing the limits of representation. Nazism and the final solution (Harvard University Press, 1992), el Holocausto –que yo preferiría escribir en plural para incluir, entre otros exterminios, el que ahora testimoniamos– nos coloca frente a la cuestión de lo inenarrable y de lo inimaginable, de lo incomunicable de aquello que, por la monstruosidad, se desvía del dominio de lo humano y, como tal, se evade de la representación. La invasión de Irak y el genocidio de Gaza forman parte del mismo grupo de eventos que suspenden toda gramática humana, que ignoran todo contrato. De ahí la dificultad de los textos al intentar generar la conciencia necesaria para sacudir el orden genocida e interrumpir la matanza.

Fue otro judío notable, George Steiner, quien, en su ensayo sintomáticamente llamado “post-escrito”, parte de la obra Lenguaje y silencio – Ensayos sobre la Crisis de la Palabra, afirmó: “Pues no es cosa cierta, de modo alguno, que el discurso racional pueda lidiar con tales cuestiones, estando como están fuera de la sintaxis normativa de la comunicación humana, en el dominio explícito de lo bestial”. Toda narrativa es ordenamiento y, por lo tanto, estetización. Esto representa un límite para la posibilidad de tornar el Mal comunicable.

Si la palabra es inocua frente a la barbarie, si la retórica de los textos no alcanza y no toca los oídos de la Bestia y no consigue sacudir el marasmo de las multitudes atónitas, no habrá salida: solamente la fuerza bruta restará para oponerse a la fuerza bruta. El ataque de Israel estará sentenciado a otorgar validez a la lucha de Hamas. Es un teorema sociológico.

 

Por pagina 12 – Wednesday, Jan. 28, 2009 at 5:31 PM

 

http://argentina.indymedia.org/news/2009/01/651247.php

Escribe que soy árabe

MAHMUD DARWISH

CARTA DE IDENTIDAD

Escribe
que soy árabe,
y el número de mi carnet es el cincuenta mil;
que tengo ya ocho hijos,
y llegará el noveno al final del verano.
¿Te enfadarás por ello?

Escribe
que soy árabe,
y con mis camaradas de infortunio
trabajo en la cantera.
Para mis ocho hijos
arranco, de las rocas,
el mendrugo de pan,
el vestido y los libros.
No mendigo limosnas a tu puerta,
ni me rebajo
ante tus escalones.
¿Te enfadarás por ello?

Escribe
que soy árabe.
Soy nombre sin apodo.
Espero, con paciencia, en un país
en el que todo lo que hay
existe airadamente.
Mis raíces,
se hundieron antes del nacimiento
de los tiempos,
antes de la apertura de las eras,
del ciprés y el olivo,
antes de la primicia de la hierba.
Mi padre…
de la familia del arado,
no de nobles señores.
Mi abuelo era un labriego,
sin títulos ni nombres.
Mi casa es una choza campesina
de cañas y maderos,
¿te complace?…
Soy nombre sin apodo.

Escribe
que soy árabe,
que tengo el pelo negro
y los ojos castaños;
que, para más detalles,
me cubro la cabeza con un velo;
que son mis palmas duras como la roca
y pinchan al tocarlas.
Y me gusta el aceite y el tomillo.
Que vivo
en una aldea perdida, abandonada,
sin nombres en las calles.
Y cuyos hombres todos
están en la cantera o en el campo…
¿Te enfadarás por ello?

Escribe
que soy árabe;
que robaste las viñas de mi abuelo
y una tierra que araba,
yo, con todos mis hijos.
Que sólo nos dejaste
estas rocas…
¿No va a quitármelas tu gobierno también,
como se dice?…

Escribe, pues…
Escribe
en el comienzo de la primera página
que no aborrezco a nadie,
ni a nadie robo nada.
Mas, que si tengo hambre,
devoraré la carne de quien a mí me robe.
¡Cuidado, pues!…
¡Cuidado con mi hambre,
y con mi ira!

········

A MI MADRE

Añoro el pan de mi madre,

El café de mi madre,

Las caricias de mi madre…

Día a día,

La infancia crece en mí

Y deseo vivir porque

Si muero, sentiré

Vergüenza de las lágrimas de mi madre.

Si algún día regreso, tórname en

Adorno de tus pestañas,

Cubre mis huesos con hierba

Purificada con el agua bendita de tus tobillos

Y átame con un mechón de tu cabello

O con un hilo del borde de tu vestido…

Tal vez me convierta en un dios,

Sí, en un dios,

Si logro tocar el fondo de tu corazón.

Si regreso. Tórname en

Leña de tu fuego encendido

O en cuerda de tender en la azotea de tu casa

Porque no puedo sostenerme

Sin tu oración cotidiana.

He envejecido. Devuélveme las estrellas de la infancia

Para que pueda emprender

Con los pájaros pequeños

El camino de regreso

Al nido donde tú aguardas.

Del poemario: Enamorado de Palestina (1966)

Traducción del árabe por María Luisa Prieto

…………..

¿CUÁNTAS VECES TERMINARÁ LO NUESTRO?

Contempla sus días en el humo de los cigarros,

mira el reloj de bolsillo:

si pudiera, pausaría su sonido

para aplazar la maduración de la avena.

Él sale de sí mismo agotado, impaciente.

El tiempo de la mies ha llegado.

Las espigas son pesadas, las hoces descuidadas

y el país

se aleja ahora de su puerta profética.

El verano del Líbano me habla de

mis viñas en el Sur.

El verano del Líbano me habla

del más allá de la naturaleza,

pero mi camino hacia Dios comienza

desde una estrella en el Sur…

– ¿Me hablas, padre?

– Ellos han fijado una tregua en la isla de

Rodas, hijo.

– ¿Y qué tenemos nosotros que ver con eso, padre?

– Y se ha terminado todo.

– ¿Cuántas veces terminará lo nuestro, padre?

– Ya se ha terminado. Han cumplido con su deber:

Han disparado con fusiles rotos contra los aviones enemigos.

Hemos cumplido con nuestro deber. Nos hemos alejado de

los acedaraques para no mover la gorra del jefe militar.

Hemos vendido los anillos de nuestras mujeres

para que cazaran pájaros, hijo.

– ¿Pero entonces, padre, nos quedaremos aquí,

bajo el sauce del viento,

entre los cielos y el mar?

– Hijo mío, todo aquí

se asemejará a algo de allí.

Seremos a nuestra imagen y semejanza

por las noches,

y la estrella eterna de la semejanza

nos consumirá.

– Padre, aligérame del peso de tus palabras.

– He dejado las ventanas abiertas al arrullo

de las palomas,

he dejado mi rostro en el brocal del pozo,

he dejado a las palabras charlando a su antojo,

colgadas en el armario,

he dejado a la oscuridad en su noche,

envuelta en la lana de mi espera,

he dejado a las nubes tendiendo sus zaragüelles

en la higuera,

he dejado al sueño engendrando al sueño

y he dejado a la paz sola,

allí en la tierra…

– ¿Estabas soñando en mi vigilia, padre?

– Levántate. Regresaremos, hijo mío.

Traducción del árabe por María Luisa Prieto

Biografía de Mahmud Darwish en EPdLP,

Mahmud Darwish en Poesiaarabe.com

http://www.poesiaarabe.com/Mahmud%20Darwish.htm

mahmud-darwish

Mahmoud Darwich nació el 13 marzo de 1941 en el pueblo de Al-Birwa, en la Galilea, y ha sido el poeta palestino más reconocido en el exterior, honrado con reconocimientos como la medalla del Caballero de las Artes las Letras de Francia en 1997, el premio Lotus en 1969, el Lenin, en 1983, el premio de la fundación Lannan a la libertad cultural, en el 2001, y el Príncipe Claus de Holanda, en 2004.

Tras el estallido de la primera guerra árabe israelí, su pueblo fue destruido y sus habitantes obligados a un exilio forzo.

Tras su vuelta del Líbano, donde permaneció por un año, Darwish vivió en diversas localidades de los territorios palestinos, donde era detenido reiteradamente por las autoridades israelíes por sus escritos y su actividad política contra la ocupación.

En 1960, a la edad de 19 años, escribió su primer poema, titulado Pájaros sin alas. Un año más tarde ingresaría en el Partido Comunista de Israel, formación judeo árabe. Publicó su primera obra, “Hojas de Olivo”, a los 22 años de edad desde entonces ha escrito más de una veintena de libros de poesía y cinco de prosa y sus textos han sido traducidos a más de 20 idiomas.

Su célebre poema de 1964, Identidad (Sajjel: Ana arabi), basado en un formulario israelí, se convirtió en un himno del todo el mundo árabe.

En 1970 se vió obligado a abandonar su tierra y exiliarse primero en Moscú y luego en El Cairo, Beirut y una sucesión de capitales árabes.

Darwish formó parte del Comité Ejecutivo de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), cargo al que renunció en protesta por la firma de los acuerdos de Oslo, en 1993 entre palestinos e israelíes.

Fue el autor, en 1988, de la Declaración de la Independencia Palestina, lo que le valió, junto con su obra en defensa de la libertad y de su tierra, el sobrenombre de “poeta de la resistencia”, si bien también supo cantar a la vida y al amor.

Falleció en Houston (Estados Unidos) el 9 de agosto de 2008.

Operación Plomo Impune por Eduardo Galeano

Para justificarse, el terrorismo de Estado fabrica terroristas: siembra odio y cosecha coartadas.
Eduardo Galeano

Todo indica que esta carnicería de Gaza, que según sus autores quiere acabar con los terroristas, logrará multiplicarlos. Desde 1948, los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir sus gobernantes. Cuando votan a quien no deben votar, son castigados. Gaza está siendo castigada. Se convirtió en una ratonera sin salida, desde que Hamas ganó limpiamente las elecciones, en el año 2006. Algo parecido había ocurrido en 1932, cuando el Partido Comunista triunfó en las elecciones de El Salvador. Bañados en sangre, los salvadoreños expiaron su mala conducta y desde entonces vivieron sometidos a dictaduras militares. La democracia es un lujo que no todos merecen.

mundo
***
Son hijos de la impotencia los cohetes caseros que los militantes de Hamas, acorralados en Gaza, disparan con chambona puntería sobre las tierras que habían sido palestinas y que la ocupación israelita usurpó. Y la desesperación, a la orilla de la locura suicida, es la madre de las bravatas que niegan el derecho a la existencia de Israel, gritos sin ninguna eficacia, mientras la muy eficaz guerra de exterminio está negando, desde hace años, el derecho a la existencia de Palestina.
Ya poca Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa.
Los colonos invaden, y tras ellos los soldados van corrigiendo la frontera. Las balas sacralizan el despojo, en legítima defensa.
No hay guerra agresiva que no diga ser guerra defensiva. Hitler invadió Polonia para evitar que Polonia invadiera Alemania. Bush invadió Irak para evitar que Irak invadiera el mundo. En cada una de sus guerras defensivas, Israel se ha tragado otro pedazo de Palestina, y los almuerzos siguen. La devoración se justifica por los títulos de propiedad que la Biblia otorgó, por los dos mil años de persecución que el pueblo judío sufrió, y por el pánico que generan los palestinos al acecho.
***
Israel es el país que jamás cumple las recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes internacionales, y es también el único país que ha legalizado la tortura de prisioneros.
¿Quién le regaló el derecho de negar todos los derechos? ¿De dónde viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza de Gaza? El gobierno español no hubiera podido bombardear impunemente al País Vasco para acabar con eta, ni el gobierno británico hubiera podido arrasar Irlanda para liquidar al ira. ¿Acaso la tragedia del Holocausto implica una póliza de eterna impunidad? ¿O esa luz verde proviene de la potencia mandamás que tiene en Israel al más incondicional de sus vasallos?
***
El ejército israelí, el más moderno y sofisticado del mundo, sabe a quién mata. No mata por error. Mata por horror. Las víctimas civiles se llaman daños colaterales, según el diccionario de otras guerras imperiales. En Gaza, de cada diez daños colaterales, tres son niños. Y suman miles los mutilados, víctimas de la tecnología del descuartizamiento humano, que la industria militar está ensayando exitosamente en esta operación de limpieza étnica.
Y como siempre, siempre lo mismo: en Gaza, cien a uno. Por cada cien palestinos muertos, un israelí.
Gente peligrosa, advierte el otro bombardeo, a cargo de los medios masivos de manipulación, que nos invitan a creer que una vida israelí vale tanto como cien vidas palestinas. Y esos medios también nos invitan a creer que son humanitarias las doscientas bombas atómicas de Israel, y que una potencia nuclear llamada Irán fue la que aniquiló Hiroshima y Nagasaki.
***
La llamada comunidad internacional, ¿existe?
¿Es algo más que un club de mercaderes, banqueros y guerreros? ¿Es algo más que el nombre artístico que Estados Unidos se pone cuando hace teatro?
Ante la tragedia de Gaza, la hipocresía mundial se luce una vez más. Como siempre, la indiferencia, los discursos vacíos, las declaraciones huecas, las declamaciones altisonantes, las posturas ambiguas rinden tributo a la sagrada impunidad.
Ante la tragedia de Gaza, los países árabes se lavan las manos. Como siempre. Y como siempre, los países europeos se frotan las manos.
La vieja Europa, tan capaz de belleza y de perversidad, derrama alguna que otra lágrima, mientras secretamente celebra esta jugada maestra. Porque la cacería de judíos fue siempre una costumbre europea, pero desde hace medio siglo esa deuda histórica está siendo cobrada a los palestinos, que también son semitas y que nunca fueron, ni son, antisemitas. Ellos están pagando, en sangre contante y sonante, una cuenta ajena.

(Este artículo está dedicado a mis amigos judíos asesinados por las dictaduras latinoamericanas que Israel asesoró.)

http://www.brecha.com.uy/alter/index.php?option=com_content&task=view&id=585&Itemid=70

Amnistía Internacional exige investigar ataque israelí contra ONU en Gaza

15 de Enero de 2009, 04:43pm ET
LONDRES, 15 Ene 2009 (AFP) –

La organización Amnistía Internacional (AI) exigió el jueves la inmediata apertura de una investigación independiente sobre el ataque israelí contra el complejo de la ONU en Gaza, considerando que podría constituir un “crimen de guerra”.

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El cuartel general de la Agencia de la ONU para los Refugiados de Palestina (UNRWA) en la ciudad de Gaza fue alcanzada el jueves por obuses israelíes, en un bombardeo amplia y duramente condenado por la comunidad internacional.

“El ataque contra la UNRWA, que aparentemente afectó a un lugar humanitario claramente identificado, subraya la necesidad de una investigación imparcial y minuciosa sobre toda una serie de ataques en los que civiles murieron o resultaron heridos y en los que fueron destruidas infraestructuras civiles”, dijo Malcolm Smart, director del programa para Oriente Medio y el Norte de Africa de AI, según un comunicado.

“El derecho internacional prohíbe explícitamente todo ataque contra el personal, instalaciones, equipos, sitios o vehículos de una misión humanitaria de asistencia”, aclaró.

Según Smart, ataques contra los citados blancos “podrían constituir un crimen de guerra”.

Es más, la organización de defensa de derechos humanos, con sede en Londres, se declaró “especialmente preocupada por la utilización por parte de Israel de lo que parece ser fósforo blanco, una sustancia que provoca graves quemaduras cuando entra en contacto con la piel humana”.

http://www.univision.com/contentroot/wirefeeds/world/7865433.html

Lanata analiza la situación de Gaza.

Las repeticiones de la historia

“La víctima de ayer es el verdugo de hoy. Gaza se parece mucho hoy día al Gueto de Varsovia”, dijo el delegado general de Palestina en España. El mundo debe parar a Israel. Jorge Lanata.

El 21 de febrero de 1939 los nazis forzaron a los judíos a entregar sus pertenencias de oro y plata.

Desde entonces y hasta el 25 de enero de 1944 –por poner una fecha arbitraria– cuando Hans Frank, el gobernador nazi de Polonia, escribió en su diario que “quizá queden aún unos cien mil judíos en el país” en el que vivían dos millones y medio, el mundo reaccionó frente al Holocausto del modo más vil, cínico, silencioso, cobarde y oportunista posible: Occidente permitió el asesinato y persecución de millones de personas y reaccionó deliberadamente tarde. Fue atroz, pero no me siento responsable por él. Me avergüenza como miembro de la especie humana, pero no menos que la Inquisición, la Revolución Cultural china, las matanzas de Stalin, los desaparecidos, la ESMA y tantos otros temporales de locura y muerte. Me avergüenza un poco aclarar todo esto antes de hablar de Israel: vivo en un país un poco antisemita, pero no lo soy. Israel no es, en mi opinión, igual a judío, del mismo modo que católico no es igual a Vaticano. Creo en Dios, pero no creo que alguien tan importante tenga que andar metiéndose en mi vida, mis costumbres o mi cama: no me simpatizan los estados confesionales, aquellos en los que la religión que sea interfiere en la vida civil, ya se trate de Irán, de Israel o cualquier otro. Sé, claro, que debemos encontrar un diálogo, y que del encuentro Oriente- Occidente depende gran parte del futuro del mundo. Demasiadas aclaraciones, ¿no? Toda esta perorata para una pregunta simple:

¿Qué clase de guerra es aquella en la que mueren 13 personas de un bando y 1.017 del otro? ¿Qué guerra es aquella que produce tres muertos civiles en un lado y más de seiscientos asesinatos de personas desarmadas, entre ellos cientos de mujeres y niños, con cerca de cinco mil heridos?

¿En qué guerra del siglo XXI se utilizan bombas de fósforo blanco, se expulsa a más de noventa mil personas de sus hogares, se dispara sobre mujeres que abandonaban su casa llevando una bandera blanca, se hiere a médicos y enfermeros que llevan heridos y se impide que las ambulancias atiendan a los afectados?

¿En qué guerra sucede todo esto en menos de veinte días?

En la Guerra del Líbano, en 2006, 1.200 personas perdieron la vida en 34 días de contienda.

“Tienen derecho a defenderse –le dijo la comisaria de Relaciones Exteriores de Europa al presidente Simon Peres–, pero lo que está sucediendo en Gaza va más allá de toda proporción. Yo le digo, señor presidente, que la imagen de Israel en el mundo está destrozada.”

“Hamás es parte intrínseca del sistema democrático en Palestina –escribió el editorialista del diario israelí Haaretz, Akiva Eldar– y la única vía para apartarlo del poder es la misma por la que llegó a él: las urnas. No las balas. El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, debe saber cómo lo miraría su gente y cuál sería su suerte si tuviera la tentación de volver a Gaza sobre los escombros dejados por los carros de combate y los aviones israelíes.”

“Los judíos sufrieron el Holocausto a manos de los nazis y hoy en día Israel quiere repetir la historia contra nuestro pueblo. La víctima de ayer es el verdugo de hoy. Gaza se parece mucho hoy día al Gueto de Varsovia”, dijo Musa Amer Odeh, delegado general de Palestina en España.

Israel bombardeó ayer a la mañana el edificio de la UNRWA, agencia de Naciones Unidas para la ayuda humanitaria a los refugiados palestinos, donde se encontraban setecientas personas, con dos disparos de artillería y tres bombas de fósforo blanco. Las quemaduras de segundo y tercer grados que resultan de esas bombas llegan hasta el hueso, y son imposibles de apagar a menos de que se logre un espacio totalmente vacío de oxígeno. Poco después del ataque, el ministro israelí de Defensa, Ehud Barak, pidió disculpas al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, por el “gran error” cometido por los militares.

El mundo debe parar a Israel.

http://www.criticadigital.com/index.php?secc=nota&nid=17233

Deleuze analiza la situación palestina

Las piedras
Gilles Deleuze*

Europa no ha comenzado a pagar la deuda infinita que tenía con los judíos, pero se la ha hecho pagar a un pueblo inocente, los palestinos.

El Estado de Israel lo construyeron los sionistas sobre el pasado reciente de su suplicio, el inolvidable horror europeo, pero también sobre el sufrimiento de este otro pueblo, sobre las piedras de este otro pueblo. El Irgún[1] fue calificado como terrorista, no solamente porque hizo saltar por los aires el cuartel general inglés, sino porque destruía pueblos y aniquilaba poblaciones.

Los americanos no repararon en gastos para hacer de él toda una superproducción de Hollywood. Se suponía que el Estado de Israel se instalaba en una tierra vacía que desde mucho tiempo atrás aguardaba al antiguo pueblo hebreo entre los fantasmas de algunos árabes llegados de fuera, guardianes de las piedras dormidas. Se condenaba a los palestinos al olvido. Se les conminaba a reconocer jurídicamente al Estado de Israel, pero los israelíes no dejaban de negar el hecho concreto del pueblo palestino.

Desde el principio, este pueblo emprendió, solo, una guerra que aún no ha terminado para defender su propia tierra, sus propias piedras, su propia vida: de esta primera guerra no se habla, porque lo que importa es hacer creer que los palestinos son árabes llegados desde otros lugares y que, por tanto, pueden volver a ellos. ¿Quién desenmarañará todas estas Jordanias? ¿Quién dirá que entre un palestino y cualquier otro árabe existe un fuerte vínculo, pero no mayor que el que pueda haber entre dos países europeos? ¿Y qué palestino puede olvidar lo que otros árabes le han hecho pasar, no menos que los israelíes? ¿Cuál es el nudo de esta nueva deuda? Expulsados de su tierra, los palestinos se instalaron en un lugar desde donde al menos podían aún verla, conservando esa visión como un último contacto con su ser alucinado. Los israelíes nunca podían empujarlos lo suficientemente lejos, sumergirlos en la noche, en el olvido.

Destrucción de pueblos, dinamitado de casas, expulsiones, asesinatos de personas, una historia horrible volvía a empezar sobre las espaldas de los nuevos inocentes. Se dice de los servicios secretos israelíes que son la admiración del mundo entero. Pero ¿qué es una democracia cuya política se confunde con la acción de sus servicios secretos? Todos estos se llaman Abou, declara un oficial israelí tras el asesinato de Abou Jihad[2]. ¿Recordamos aquellas voces sanguinarias que gritaban “Todos estos se llaman Levy”…?

¿Cómo acabará Israel con los territorios anexionados, con los territorios ocupados, con los colonos y las colonias, con sus rabinos enloquecidos? Ocupación, ocupación infinita: las piedras arrojadas vienen de dentro, vienen del pueblo palestino para recordar que, en un lugar del mundo, aunque sea muy pequeño, la deuda se ha subvertido. Lo que los palestinos arrojan son sus propias piedras, las piedras vivas de su país. Nadie puede pagar una deuda mediante asesinatos – uno, dos, tres, siete, diez cada día – ni entendiéndose con terceros. Los terceros se desentienden, cada muerto llama a los vivos, y los palestinos han entrado en el alma de Israel, ocupan esa alma como quien la sondea y la taladra día tras día.

Notas:
[1] Brazo armado del movimiento extremista fundado por Vladimir Jabotinsky (también fundador del Likud). El Irgún, dirigido luego por Menahem Begin, desarrollaba acciones tanto contra el movimiento nacional árabe palestino como contra la administración británica. En concreto, es responsable de la masacre de un pueblo palestino de los arrabales de Jerusalén (Deir Yassine) en 1948 y del atentado contra el hotel King David, que entonces era la sede del Mandato británico en Jerusalén.
[2] Muy cercano a Arafat, Abou Jihad era uno de los fundadores del Fath, uno de los principales dirigentes de la OLP y uno de los líderes históricos de la resistencia palestina. Desempeñó un papel importante, como dirigente político, en el curso de la Intifada. Fue asesinado en Túnez por un comando israelí el 16 de abril de 1989.

*Deleuze fue un filósofo francés, autor de numerosas publicaciones de gran influencia en el pensamiento crítico del siglo XX.

http://www.iade.org.ar/modules/noticias/article.php?storyid=2739

Google selecciona sus territorios

 

timessquare

Navegando los servicios de Google pude observar  el mapa informacional del capitalismo avanzado.

Fotos de Gaza

Ernie Pike dijo: “No hay alegato más eficaz contra la guerra que pintarla tal cual es, con su brutalidad y sus miserias“.

Esta frase la leí a los 8 años cuando leía Misterix. Lo que en mi niñez era simple fantasía hoy nos golpea con  crudeza e inmisericoordia.

Esta reflexión nace de una serie de fotos que vi en el Boston Globe.

Maquiavelo